Ficha Técnica da Matéria
País
Espanha
Empresa
Equiemoción
Publicação
Espanha
Data
Junho 2007
Sumário da Matéria

Carlos Iglesias e Anna Alvarez, dois dos principais consultores e treinadores da Europa, Diretores da Equiemocion, dão uma longa e detalhada entrevista abordando os vários aspectos do TGCA.


Durante siglos la relación del hombre con el caballo se ha limitado prácticamente a una relación de dominación. A lo largo de estos dolorosos milenios de aprendizaje, el hombre ha tratado de imponerse a la naturaleza y a los otros humanos para sacar partido de ellos. Hoy esta actitud, cada vez más, está dejando de funcionar. Los seres humanos van conquistando una madurez general que les hace rebelarse contra el simple ‘yo mando y ordeno’. Una de las más evidentes consecuencias de este cambio se concreta en la necesidad de unos líderes que vayan mucho más allá del ejercicio de un poder que les ha sido otorgado desde sus superiores jerárquicos, que no desde un consenso de grupo. Los líderes hoy necesitan ser sentidos como tales para generar adhesión. Este aspecto es tan importante que se halla en el centro mismo de la posibilidad de éxito de las empresas. Se trata de que cada persona que ocupa un cargo de responsabilidad ejerza lo que se denomina un ‘liderazgo natural’. Trabajar el proceso que lleva a este reconocimiento con la ayuda de los caballos constituye una manera vivencial, rápida y efectiva de conseguirlo. Es una metodología que tiene cada vez más adeptos, empezando por el mismo director general del Deutsche Bank. Hay empresas que incluso dejan que sean los caballos quienes den el visto bueno final a los candidatos a ocupar cargos de responsabilidad...

EQUIEMOCIÓN

El trabajo con los caballos para desarrollar un correcto liderazgo constituye una solución cuyos éxitos han sido sobradamente comprobados sobre todo en Estados Unidos y Alemania, donde está muy en boga. Aquí en España por el momento sólo un equipo se dedica a ello, desde hace un año; el constituido por Carlos Iglesias y Anna Álvarez, que han puesto a su empresa un nombre muy sugerente: ‘Equiemoción’. Carlos es ingeniero y consultor de empresas en temas de coaching y desarrollo; además, lleva casi treinta años tratando con caballos. Anna es diplomada en enfermería y está especializada en la gestión del estrés y la comunicación no verbal en empresas.


YEGUADA ROJA

El equipo de Equiemoción tiene la suerte de poder desarrollar su trabajo en un entorno fabuloso, una finca cercana a Vilanova i la Geltrú llamada Yeguada Roja.  Somos invitados a participar en una jornada de demostración demostración del potencial del sistema y nos encontramos exquisitamente acogidos por los propietarios de la yeguada, así como por los conductores del curso. Caballos vemos pocos, puesto que la mayoría están haciendo su vida, libres por los pastos. Los que quedan a nuestra vista tienen un aspecto inmejorable. Las instalaciones son perfectamente pulcras. Una treintena de caballos de pura raza española habitan la yeguada, y una selección de ellos es utilizada para hacer el trabajo con las personas. En el curso se evita trabajar con caballos sementales, por razones de seguridad.

PENSANDO EN LA EMPRESA

Los cursos de Equiemoción son o bien de un día, para trabajar aspectos de crecimiento personal, o bien de dos o tres días, enfocados a empresas.

–¿Por qué el caballo?

Carlos Iglesias (C.I.): Creo que hay un potencial muy alto de autoconocimiento de las personas a través de los animales que está desaprovechado, especialmente entre el caballo y el hombre. Se ha descubierto por temas más terapéuticos, y ahora vemos que pueden ayudarnos a conocernos de verdad. Los delfines también son unos ‘psicólogos’ y ‘psiquiatras’ estupendos.

–¿Hacéis algún curso con niños discapacitados o con problemas?

C.I.: No; esto hay mucha gente que lo hace, especialmente aquí en Cataluña. Es la equinoterapia. Es un tema muy potente y que está muy desarrollado. Lo nuestro no es psicoterapia; es más trabajo personal: autoconocimiento, crecimiento, conocimiento del impacto.  Y más bien centrado en el mundo empresarial. Uno de los principales focos de desequilibrio hoy día son las empresas. Están muy perdidas en cómo equilibrar a su gente, que los empleados sean felices en ellas…  Como no empecemos a encontrar el sentido de la vida dentro de las empresas (o que las empresas encajen en el sentido de la vida), si no valoramos su función social y de responsabilidad hacia las personas, vamos mal.  Esto ya está empezando a trabajarse, y los animales ayudan mucho. Hay cosas que nos dice mucha gente y que no escuchamos, pero cuando nos las dice un animal curiosamente las escuchamos. No podemos no escucharlas.

¡RODEADOS!

Después de unas explicaciones introductorias somos invitados a entrar en un cercado donde se hallan varias yeguas jóvenes. Se trata de tener el primer contacto con los caballos, de entrar en sintonía con su manera de percibir la realidad. A medida que lo hacemos las yeguas se nos acercan, nos olisquean… A veces incluso nos rodean.

–El hecho de que al entrar en el lugar los caballos tengan ya cierta tendencia a venir, ¿es normal?

Anna Álvarez (A.A.): No necesariamente; hay grupos en los que los caballos ni siquiera se han acercado.

Hemos visto grupos muy distintos, con distintas reacciones por parte de los caballos… No podemos predecir nada.
–Si se acercan ¿es que están a gusto?

A.A.: Piensa que la principal forma de defensa que tiene un caballo es huir. Por lo tanto el solo hecho de que un caballo venga a olerte es un signo de confianza impresionante por su parte. Porque en el fondo tú eres alguien que se lo puede comer, que lo puede atacar.  Él es un herbívoro, una presa por naturaleza, mientras que el ser humano es un depredador. Un depredador valora la situación, y si puede más que el adversario va y se lo come; si no huye. Los depredadores escogemos.  El caballo sin embargo si siente miedo sale corriendo; no tiene otra propuesta. Si se te acerca es a favor de su instinto de ‘quiero conocerte’, ‘quiero estar contigo’, ‘quiero que seas parte de mi manada’…

–Estos caballos están tratados con doma natural. Si lo fuesen con doma clásica, ¿tendrían un comportamiento diferente?

C.I.: Cualquier caballo que está sometido a una situación de cautiverio, como cualquier persona tiene comportamientos no diré esquizoides pero sí no normales.  Cuanto más salvaje, cuanto más en un entorno natural esté un animal, más natural es su comportamiento; y esto es precisamente lo que necesitamos. Así pues intentamos que los caballos con los que trabajamos estén en la naturaleza.  Nos despedimos de nuestras jóvenes amigas, felices por la confianza que ha despertado en nosotros este primer contacto.  Observamos que Carlos se demora en el interior del cercado: se ha quedado abrazado a una yegua.

ABRAZAR A UN CABALLO

–¿Por qué te has abrazado al caballo?

C.I.: Se produce un efecto de ‘resonancia límbica’, la llamamos. Resonancia emocional real. Te abrazas a un caballo durante un rato y los ritmos cardíacos se sincronizan.  Esto ha sido comprobado científicamente.  El sistema límbico es un sistema abierto, que automáticamente tiene tendencia a resonar; provoca por ejemplo que una persona contagie su estado de humor a otra.  Los caballos son muy estables y tienen una capacidad espectacular para armonizar tu sistema emocional. Por eso funcionan con niños que tienen disminuciones psíquicas; les dan equilibrio y les eliminan la angustia.  Yo de vez en cuando necesito abrazarme a un caballo. Antes no sabía por qué; ahora sí.

A.A.: Se están realizando en Barcelona unos estudios de coherencia cardíaca entre el cerebro y el corazón, que cuando se produce estamos en situación de afrontar mejor los retos. En contacto con los caballos, este campo eléctrico del corazón y el cerebro entra en una relación armónica.  Ello alivia nuestro estrés y nos sitúa en el aquí y ahora.

Y nos disponemos a afrontar la siguiente prueba…

LA PRUEBA DEL ESLÁLOM

Nuestros monitores van a buscar un bello ejemplar de caballo blanco, un macho castrado, y debemos conducirlo a través de un circuito: caballo y hombre deberán sortear conos, ir al trote y saltar pequeños obstáculos. La actuación de cada participante es grabada en vídeo y posteriormente comentada, en una puesta en común.

–¿Participan muchas personas en cada sesión?

A.A.: Trabajamos con grupos pequeños, de máximo diez personas. –Los ejercicios ¿son siempre los mismos?

A.A.: En realidad tampoco son tan importantes los ejercicios. Sólo son un medio. Lo importante es lo que ocurre. Usamos la intuición, la sensación que nos produce el grupo, a la hora de definir las variables que introducimos en los ejercicios.

¿Cuáles son las condiciones ideales?

Ninguna. Creo que el Universo tiene un ritmo. Si entras en el aquí y ahora sabes si determinado ejercicio es el correcto, si vas a asociar o no determinado caballo con determinada persona…

Los resultados del eslálom son muy aleccionadores.  Cada persona obtiene una respuesta muy distinta del mismo caballo. Carlos y Anna nos sorprenden con su capacidad de interpretar incluso las más leves reacciones del animal.

–¿Sentís al caballo, o bien lo que hacéis es leer sus respuestas físicas?

A.A.: Ocurren ambas cosas. Hay gestos del caballo que son indicativos, pero no definitivos. También con las personas ocurre que determinado gesto no obedece a la causa más probable… Las señales son muy claras entre ellos, pero cuando llegan a nosotros hay que matizarlas.  Es como una persona, que puede andar con aspecto relajado pero puedes sentir su tensión interior. Los niños
son mágicos para hacer esto; deciden en seguida qué persona les cae bien y cuál no. Y los niños ¿son intuitivos o es que leen el lenguaje corporal? Tal vez ambas cosas… Es una capacidad que tenemos, pero que anulamos cuando entramos en el razonamiento.

–No siempre se consigue del caballo la respuesta deseada…

C.I.: Para mover a esa masa de 400 kilos no tienes más remedio que utilizar unas capacidades tuyas de las que acaso no eres consciente. No puedes convencer al caballo de nada hablando. Las capacidades que vas a tener que hacer entrar en juego son las que realmente son significativas en el ámbito del liderazgo. A menudo no somos conscientes de lo que estamos transmitiendo; sólo somos conscientes de lo que estamos diciendo. Para liderar al caballo no hay más remedio que hacerlo de forma natural. Natural quiere decir lo que naturalmente sale de vosotros. El caballo recibe tu forma de aproximarte y de intentar comunicarte con él.

–¿Cuáles son las claves?

C.I.: El líder natural primero tiene que generar confianza; después se crea una dependencia. Estos mecanismos operan del mismo modo en la manada, donde se establece un líder de un modo muy natural. Estamos hablando de ‘líder’ en sentido muy positivo, sin las connotaciones de poder que para nosotros acostumbra a tener. Para que yo te reconozca como líder me tienes que demostrar que tienes más aptitudes que yo y que nos comunicamos. Entonces confío en ti; y, muy importante, la dependencia. En una manada todos dependen de todos; cada cual debe jugar su papel. Si no lo hace, toda la manada está en peligro.  La única forma de generar confianza en el caballo y, posteriormente, dependencia, es con coherencia y consistencia. Esto lo logras comunicándote con él.  Ahí no sirven las palabras ni las expresiones faciales.  El caballo te ve, te siente por dentro; es así como te reconoce o no como parte de la manada. Y en función de esto tendrá contigo una conducta u otra, de obediencia o bien de desconfianza. Y éste es todo el juego, el que tiene lugar entre el caballo y la persona.  Nosotros facilitamos, pero facilitamos poco.

A.A.: Aquí la mente no cabe. Mentalmente no puedes mover al caballo; no puedes razonar con él. Ya puedes poner cualquier político ante el caballo, con su discurso y con el lenguaje corporal tan medido que tienen, que el caballo no se movería. Seguramente el caballo se dormiría en un rincón, o bien se pondría nervioso y se iría. Tanto que decimos que comunicar desde lo verbal es nuestro potencial… En realidad no es así.  Comunicamos desde muchos otros aspectos, como el cuerpo. Tenemos expresiones corporales que son un reflejo de nuestra cultura, pero otras son realmente el
reflejo de cómo estamos internamente.

LA PRUEBA DEL CEREBRO Y LOS BRAZOS

En la última prueba escogemos entre nosotros a un líder y los demás, que van cogidos de los brazos de dicho líder, sólo pueden actuar según las instrucciones que éste dé. El objetivo es conseguir, una vez más, que el caballo haga algo. Si el cerebro pensante no es lo suficientemente sólido, o si cada cual quiere tomar sus propias iniciativas al margen del líder, por ejemplo, el resultado no será óptimo. Este ejercicio también es profundamente revelador.

–¿Crees que los humanos, con nuestro individualismo, hemos perdido un poco el sentido del líder que tiene la manada? Los animales no escogen mentalmente al líder; de algún modo lo captan…

A.A.: Creo que nuestra sociedad peca de mucha individualidad.  Lo cual no quiere decir que no tenga que ser capaz de valerme plenamente por mí misma. Pero tampoco puedo olvidar que estoy totalmente en relación con vosotros. Y que nuestra supervivencia, como en el caso de los caballos, depende del conjunto de la manada. Cada uno tiene una función dentro de la manada, una riqueza que aportar. Esto lo hemos olvidado.  Cada vez hay más soledad y necesitamos libros de autoayuda, pastillas… Hemos olvidado lo agradable que es el contacto con los otros: la sinergia, sentir que somos un equipo, la potencia que esto genera… Una manada de caballos, cuando corre, van todos a una.  Nosotros recordamos este espíritu cuando nos congregamos para manifestarnos, por ejemplo, pero normalmente no evocamos este potencial para crear. 

–¿Cómo se articula el liderazgo natural entre los caballos?

A.A.: La manada tiene jerarquías; los miembros se van posicionando siguiendo el liderazgo natural.  Tienen su propio ‘director’, ‘subdirectores’… En estos cursos pretendemos encontrar el liderazgo natural, que no se define por el cargo que me han dado sino porque yo en ese lugar soy fuerte en lo que hago y por lo tanto puedo dar confianza.

C.I.: Siempre hay una yegua líder, que se llama ‘yegua alfa’. El macho es el ‘macho dominante’. La yegua líder toma las decisiones, y la sigue toda la manada. El macho dominante tiene la función de la reproducción y de mantener la manada compacta para que no pueda entrar el depredador. En medio hay un montón de roles: un caballo va a buscar agua, otro defiende el flanco derecho de la manada, otro el flanco izquierdo, otro cuida de los potros… y esto es algo absolutamente vivo. La yegua líder es la número uno y es complicado que se cambie, pero el resto están probando constantemente dónde se sitúan. Las manadas son de grupos pequeños, 6 u 8 individuos: yegua líder, macho dominante, algunas yeguas y algunos potros.

–Para empresas ¿vienen sólo directivos?

C.I.: Cuando lo enfocamos hacia el crecimiento personal es interesante para todos, pero cuando haces un enfoque de empresa normalmente trabajamos más temas de liderazgo y de gestión de otras personas (de El líder y sus brazos intentan manejar al caballo. equipos, etc.). De lo que se trata es de que los participantes gestionen mejor su impacto sobre otras personas y de que sean capaces de convencer de la forma más efectiva de que la gente los siga, y que puedan sacar lo mejor de cada caso.

 Si voy por la fuerza conseguiré que tú hagas cosas, igual que puedo conseguir cosas del caballo, pero si yo quiero sacar lo mejor de ti tengo que tener un estilo de liderazgo muy semejante al de los caballos: conseguir realmente adaptarte a tu lugar de una forma adecuada, generar confianza, generar dependencia, y que al final realmente hagas las cosas porque quieres, no porque estás obligado. Y hoy día en las empresas esto es cada vez más importante. La gente es más independiente; cambia más de empresa. Antes entrabas y morías en la empresa; no tenías otra opción.  No sacabas lo mejor de ti pero estabas allí. Hoy día las empresas si no sacan lo mejor de sus empleados están muertas. Porque la competitividad es altísima. Entonces tengo que sacar lo mejor de la gente y conseguir su compromiso sin utilizar la fuerza. Porque con la fuerza al final lo que haces es disminuir la efectividad.

EL PODER DE LA EMOCIÓN

La mañana transcurre como un suspiro. Es hora de irse, y nos quedamos con ganas de más…

–Una cosa es detectar el problema, del cual acaso no se era consciente, pero la solución ¿se acaba
en el curso? ¿La persona acaba encontrando la manera más correcta para su dificultad, o tendrá que trabajárselo?

A.A.: Los cursos tienen una duración de dos días para dar la oportunidad de que esto suceda; es decir para que la persona encuentre cuáles son las cosas que tiene que solucionar, también las cosas buenas que tiene que puede potenciar, y que tenga el tiempo suficiente para ello. Ponemos a su disposición el espacio, los ejercicios necesarios…; todo lo ideal para que pueda ir probando distintas cosas que a ella particularmente le sirvan. No hay estándares. Cada persona tiene su propio carisma y características. Para cada cual existe una solución distinta.

C.I.: La gran diferencia es que la persona no aprende desde la racionalidad, sino que lo hace desde la emoción.  Desde ahí empieza a encontrar comportamientos más efectivos para sí misma y para sus relaciones. Lo que se encuentra por la emoción no se olvida nunca.  Hay experiencias impactantes que hacen que algo dentro te cambie el comportamiento de forma inmediata.  Cosas que por mucho que te lo digan o lo racionalices es muy complicado. Lo que aprendes desde una sensación, desde una situación emocional, se graba en el sistema límbico, el cual no funciona a través de la mente.

–¿Pues funciona a través de qué?

C.I.: A través de la amígdala. Alguien habla del ‘secuestro de la amígdala’, que es cuando te emocionas y lloras.  Te han ‘secuestrado’; tú no quieres llorar porque te da vergüenza pero no puedes evitarlo; es instantáneo.  Te das cuenta cuando ya ha pasado. Y eso es lo bueno; cuando tú no tienes que pensar que estás en tal situación y que te tienes que comportar de tal forma, sino que automáticamente ya te sale, de un modo inmediato.  Ésta es la gran potencia de este tipo de aprendizaje.

–Una de las personas de este curso ha actuado muy emocionalmente, pero tampoco funcionaba; el caballo no la seguía…

C.I.: Actuar desde la emoción no quiere decir que estés emocionado.  Quiere decir que te sale de dentro, del corazón.

A.A.: De hecho la palabra ‘emoción’ es ‘moverte hacia algo’. Si alguien te acaricia mucho no significa que sea muy emocional. Se trata desde dónde haces tú el aprendizaje. El hecho de que te emociones por algo hace que todo tu cuerpo vibre. Tú te mueves y este movimiento de tu cuerpo hace que esto que estás viviendo sea de alguna manera grabado en tu cuerpo. En el fondo todo lo que vamos grabando en el cerebro lo hemos vivido en nuestro cuerpo. Lo que hacen los caballos es que la vivencia que tenemos con ellos quede grabada para toda la vida. De modo que cuando vuelva una situación semejante, que no será ésta pero que sentirás que es lo mismo, tu cuerpo responda en consonancia.

–Hemos visto unos caballos muy dóciles. ¿A veces ponéis caballos que cuesten más de tratar?

C.I.: Aunque sean dóciles, todos cuestan. Cualquier caballo si no haces lo que tienes que hacer no te seguirá. Garantizamos una seguridad, que los caballos que utilizamos no tengan problemas de agresividad. Pero un caballo dócil no quiere decir un caballo que te siga. El hombre se ha aprovechado de la docilidad y la nobleza de los caballos; además, como que tienen mucho miedo al dolor, a través de artilugios somos capaces de someterlos. Pero que un caballo haga lo que tú quieras no significa que lo quiera hacer. Entonces no estás sacando lo mejor de él. Yo he competido en la disciplina de saltos hasta hace dos años y puedo decir que hay un punto a alto nivel de competición en que la diferencia no es tanto la técnica; es un tema de conexión. Hay jinetes que sacan más partido del caballo que otros; son capaces de generar más confianza, más tranquilidad… Con los entrenadores de deportistas es lo mismo. Y en las empresas ocurre igual. El buen líder no es el mejor técnico. El buen líder es el que es capaz de liderar. Esto no puedes desarrollarlo técnicamente. Entran en juego otros tipos de sensibilidad, que tienen poco que ver con que sepas hacer las cosas. Tiene mucho que ver con que seas capaz de conectar con la gente.

Reportaje por M. Rosa García y Francesc Prims.
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